Los últimos años han sido testigos de varios acontecimientos de gran impacto en las relaciones internacionales. En la Fundación Abravanel nos preocupan en particular tres tendencias que influyen de manera inequívoca en el futuro de la democracia en América Latina, en el bienestar de sus colectividades judías, y en sus relaciones con el Estado de Israel:
a) Crisis en el sistema internacional: En primer lugar, frente al cuestionamiento de los Estados nacionales, aparecen espacios "anómicos" que permiten la consolidación de nuevos actores político-religiosos que amenazan no sólo la estabilidad interna de las democracias sino también la paz y seguridad internacional. El desafío al sistema democrático queda en evidencia tanto en la falta de legitimidad democrática de dichos actores como en su desprecio a los derechos humanos, evidenciado por ejemplo en los atentados sufridos por la Argentina en 1992 (Embajada de Israel) y 1994 (AMIA). Dichos atentados fueron realizados en territorio soberano de una democracia constitucional para atacar y aislar a una de sus minorías constitutivas, en el caso, la judía. La legitimación de actos violentos como éstos debe ser combatida tan enérgicamente como los actos mismos. Lo contrario implica justificar el cercenamiento de nuestras democracias constitucionales, en las que el diálogo presupone el respeto al otro (y a su vida), la prohibición absoluta de sacrificar vidas humanas como medio para fines ulteriores, y el respeto a las minorías que conforman una Nación. Del mismo modo, la investigación de éstos y otros actos violadores de los derechos humanos (como los atentados de septiembre de 2001 en los Estados Unidos o los perpetrados en distintas partes del globo hasta la fecha) debe realizarse siempre desde los propios mecanismos constitucionales e internacionales vigentes. Lo contrario importaría la derrota definitiva de nuestras democracias y de los derechos que nuestras Constituciones consagran. Luchar por la supervivencia de la democracia fuera de la legalidad es un contrasentido insostenible e inmoral. Frente a estos flagelos comunes, las naciones democráticas y sus habitantes reconocen la necesidad de contar con un aceitado mecanismo de cooperación e intercambio de información entre Estados para perseguir, combatir y castigar a sus responsables. Sin prejuicio de ello, desde la Fundación Abravanel observamos con preocupación la falta de consenso respecto a esta cuestión en el seno de la dirigencia política de los países latinoamericanos, en los que los ejes fundamentales del debate político permanecen influenciados por ideologías anticolonialistas del pasado. Nos preocupa que cuando se ataca la democracia, la soberanía y los derechos de los habitantes de nuestras naciones, son pocos los dirigentes que condenan sin contrapesas toda acción violenta contra civiles y asumen como propia la lucha en pos de la justicia. Nos preocupa también que en ocasiones se convierta a las víctimas en victimarios, y que se excluyan a las víctimas pertenecientes a determinadas minorías como si no fuesen parte integral y fundamental de nuestra rica diversidad cultural nacional. Por todo ello, y sin desconocer las legítimas prioridades internacionales de las naciones latinoamericanas, deseamos participar del discurso político y jurídico de las mismas como una nueva voz que aporte sus conocimientos para afrontar mejor los nuevos desafíos que este nuevo escenario internacional nos propone.
b) Resurgimiento de la Judeofobia: Cada día llegan noticias que evidencian un peligroso rebrote de conductas judeofóbicas, principalmente en Europa. Países como Alemania, Italia, España y Austria (países que vieron nacer y desarrollarse al fascismo y al nazismo) empiezan a revivir el totalitarismo judeofóbico que, tristemente, concluyó con la "Solución Final" de la cuestión Judía en Europa o Shoá. Desgraciadamente esta realidad no está confinada al Viejo Continente, sino que azota también a nuestra región, donde las cifras de atentados contra el pueblo judío y sus instituciones crecen año a año. El la actualidad, el viejo prejuicio judeofóbico, mal llamado "antisemita", ha cambiado de nombre (mas no de esencia) por uno más "políticamente correcto": el antisionismo. Esta judeofobia pos-moderna entrelaza los viejos prejuicios del "antisemitismo" clásico (el Poder Judío, la Sinarquía Judía, el ánimo de dominación judío, el libelo de sangre, la avaricia judía, la traición judía, etc.), pero en vez de dirigirlo contra "los judíos" lo hace contra "los sionistas", y contra el Estado de Israel. El sionismo es el movimiento de liberación nacional del pueblo judío. Por ende, el anti-sionismo hace del Estado de Israel "el judío entre las naciones", quien vuelve a ser sistemáticamente condenado y atacado en forma completamente injusta y selectiva. El antisionismo es tan claramente judeofóbico que pregona "soluciones finales" a la usanza nazi, como el llamamiento a la destrucción del Estado de Israel y a la relocalización o aniquilación de su población judía. Muchos grupos pretenden importar el discurso anti-sionista e imponerlo en esta región del mundo, estigmatizando al pueblo judío en general y a las colectividades judías latinoamericanas en particular, a partir del ataque a sus lazos con el Estado de Israel. No es menor en ese intento el papel de cierta prensa y de sectores del mundo académico que actúan desinformando y organizando un relato tendencioso del conflicto árabe-israelí, que sirve de base para discriminar a los judíos. Si las sociedades democráticas del mundo no reaccionan ante la ira irracional ejercida contra los miembros de sus comunidades judías, la violencia terminará finalmente por deglutirlas. Resulta claro que esta nueva forma de judeofobia detesta los máximos valores de la dignidad humana: la libertad y la igualdad, sin distinción de religión o grupo étnico de pertenencia. En consecuencia, la Fundación Abravanel se propone trabajar en ámbitos académicos, comunitarios, y junto con los medios de comunicación, para impedir que la intolerancia y el prejuicio se apoderen de nuestras democracias constitucionales y pongan en peligro los derechos humanos sobre los que éstas se apoyan.
c) Fragilidad democrática en América Latina: América Latina fue considerada por décadas como una unidad política, ya que se interpretaba que los países de la región reaccionaban de manera similar frente a fenómenos similares. Tras la inestabilidad política que la mayoría de las sociedades de la región padeció desde principios del siglo XX, hasta las salvajes dictaduras militares de la década del 70, América Latina vivió durante los años 80's, un proceso político-institucional de instauración y consolidación de la democracia y de la forma republicana de gobierno. Pero distintos acontecimientos ocurridos en diversos Estados de la región ponen de manifiesto que hoy ya no se puede hablar de una única América Latina, o de un sólo proceso político en la región. En la actualidad, nuestros países se encuentran atravesando procesos muy disímiles en lo referente al desarrollo de sus instituciones políticas. Al tiempo que existen Estados como Brasil, México, Argentina, Chile, Perú o Uruguay que consolidan el respeto por ciertas reglas democráticas básicas como la alternancia política, el respeto a las minorías, y el traspaso de poder entre presidentes constitucionalmente elegidos en procesos electorales transparentes y competitivos, existen otros países que presentan signos de un profundo retroceso en esta materia, consolidando "democracias imperfectas" en las que el Estado de Derecho se debilita notoriamente. Estos acontecimientos ponen en evidencia que aún nos quedan pendientes grandes desafíos políticos en torno a la consolidación de la democracia y del Estado de Derecho dentro de nuestra región. En el marco de este convulsionado contexto, las minorías se encuentran amenazadas en diversas latitudes por gobernantes populistas y antidemocráticos que no dudan en alinearse con Estados y grupos que abiertamente pregonan a favor de reeditar genocidios. Un ejemplo de ello es la penetración política e ideológica de los sectores más reaccionarios y fundamentalistas del Medio Oriente en nuestra región, la cual parece ofrecer un terreno fértil para su propagación. Estamos convencidos que estos peligros no pueden ni deben ser abordados en soledad. La Fundación Abravanel trabaja para fortalecer los resortes institucionales y democráticos en nuestra región e impedir que se legitimen las prácticas de ciertos gobiernos y dirigentes políticos que, bajo la apariencia de unidad y progresismo, ocultan diversas manifestaciones de violencia y discriminación, como lo constituye la tolerancia y protección del terrorismo prohijado por el fundamentalismo islámico. Desde la Fundación Abravanel pensamos que resulta necesario afianzar los múltiples puntos de contacto existentes entre los pueblos y Estados latinoamericanos, y el Estado de Israel, que más allá de intereses económicos comunes, comparten valores como la democracia, el respeto por la diversidad, por los derechos humanos y por la libertad de expresión, entre muchos otros.
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